Luis Oliveto, fue el árbitro que dirigió el partido más importante de la historia del Club Atlético Ituzaingó, uno de los árbitros más queridos y respetados en el mundo del futbol.
En el año 1992, luego del empate en puntos entre Ituzaingó y Los Andes, debía jugarse un partido de desempate en cancha neutral, el por entonces presidente de la AFA, Humberto Grondona determinó unilateralmente, que se debía jugar en cancha de Independiente, ante el lógico reclamo de Carlos Fioriti presidente de Ituzaingó, Grondona le contesto: “es la mejor cancha, pero para compensar te mando al mejor arbitro”, y vaya si lo fue.
Luis Héctor Oliveto nació el 20 de junio de 1954, en Capital Federal y se crió en el Barrio Villa Ortúzar. En el año 67, a la edad de 13 años jugaba en Arsenal de Llavallol, en ese entonces era una filial de Boca Juniors, a fin de ese año fue “Nano” Gandulla a ver a los jugadores que podía llevar a la “Candela”, eligió al arquero Poliserpi, que llegó a jugar en Primera, a un N° 10 de apellido Cora y a un N° 9, que era él.
Finalmente, el pase no se hizo porque gente del barrio lo llevó a San Lorenzo. Siempre jugó de 9 goleador, menos en San Lorenzo, porque se enteró que el 9 era Chaparro, entonces jugó de 10, pero luego tuvo algunas diferencias con el técnico y el padre lo saco del club.
Luego también pasó por River Plate, en este club tenía como técnico a Bruno Rodolfi y a Delém, pero siempre jugaban los jugadores más altos y no los mejores. En ningún club fue inscripto, porque siempre llegaba luego de cerrar las listas y tenía que esperar al año siguiente para la inscripción.
Al poco tiempo recibió la carta para ingresar a trabajar al Banco Provincia de Buenos Aires y no lo pensó demasiado y decidió tener un trabajo estable que le permitiera tener su propio dinero para salir y comprar lo que quisiera porque ya tenía 17 años, además debía colaborar con la economía de su casa. Finalmente, ingreso al Banco y los primeros 7 años le tocó la sucursal 4011 de Federico Lacroze y Av. Forest, luego pasó a casa matriz.
Cuando apenas había dejado el futbol, un amigo personal le habló de estudiar arbitraje y juntos se presentaron en la AFA para anotarse en el curso, pero no pudieron hacerlo porque no tenían el servicio militar obligatorio cumplido.
A cabo de un tiempo el amigo insistió en el tema, ya con 24 años encima le dijo que no, pero finalmente lo convenció y volvieron a la carga, se presentaron, se inscribieron y comenzarían esa misma semana, pero no lo dejaron ingresar porque tenía el cabello largo hasta la mitad de la espalda (había integrado varias bandas de rock), pero finalmente se recortó algo el cabello y logro hacer el curso, pero el haber jugado al futbol le dio un plus: entender el juego y el espíritu del reglamento.
El debut tardío fue como juez de línea en 1979, a los 25 años en un partido de tercera entre Defensores de Belgrano y Tigre, finalmente dirigió Primera división en el año 1992, en cancha de Atlanta un encuentro entre Argentinos Junios y Belgrano de Córdoba.
Entre los años1994/97 fue árbitro internacional, le tocó viajar mucho durante ese tiempo, cosa que le hizo perder las vacaciones que tenía en el banco.
Dirigió partidos por eliminatorias del Mundial y además una final de Copa Libertadores de América, en el mismísimo estadio Mineirao, ante 100 mil personas.
El mejor jugador que vio y dirigió fue claramente, Diego Maradona, pero también pudo disfrutar viendo a Enzo Francescoli o al “Pibe” Valderrama, entre muchos otros. Los jugadores más complicados de dirigir fueron Chilavert, que podía manejar todo el estadio sin hacer absolutamente nada fuera del reglamento, el mellizo Barros Scheloto que les hablaba a los rivales lejos de sus oídos, u Ortega que nunca se sabía si se había tirado o realmente le habían pegado. Pero lo realmente complicado, era ser árbitro.
Se retiró del arbitraje en 1997, a los 43, luego de dirigir durante 18 años, cuando aún le restaban 8 años de carrera, ya algo cansado de algunas cosas que pasaban en el futbol en general y en el arbitraje en particular, sin haberle quedado nada pendiente, porque nunca espero nada.
Volvió al arbitraje tan solo por un partido, la despedida del más grande, Diego Maradona a pedido del propio Diego.
Nunca supo el porqué de su designación para la final entre Ituzaingó y Los Andes, puesto que ya dirigía Primera división, pero lo tomó con la misma seriedad de siempre.
“Como hincha de Comunicaciones que soy, siempre quiero que me ganen con armas limpias, cuando finalizó la tanda de penales, vi felices a ese puñado de hinchas, que antes del partido, al igual que su presidente, pensaban que iban a una fiesta ajena, eso me hizo sentir que hice una buena tarea junto a mis líneas. Es como la vida misma. ¿A quien querés que le vaya bien, a un rico o a un laburante? Es así de simple”, comentó
Rockero y fumador empedernido desde los 7 años, ahora pagando las consecuencias, tiene tapada una arteria, que lo obligo a dejar tardíamente el cigarrillo, ahora cuidando su salud, hace algo de ejercicio.
Luis está casado con Raquel Emilce, tiene 5 hijos: Ana Belén, Alejandra, Brenda, Christos y Damián, que sigue sus pasos en el arbitraje y vive en Capital Federal.
JUAN ÁNGEL MIGUEL.
