La expansión de las nuevas tecnologías volvió más complejo el debate sobre los límites de la expresión pública. Sin embargo, la Constitución mantiene un principio central: la prohibición de la censura previa. La protección del honor y la intimidad debe resolverse mediante responsabilidades posteriores, no con mecanismos que impidan la circulación de ideas antes de que la sociedad pueda conocerlas y juzgarlas. Leer más
